XV Domingo del Tiempo Ordinario
La parábola de la semilla en tierra
Mateo 13,1-23
1. Oración inicial
La oración es, también, disponibilidad para escuchar; es el momento propicio en el cuál se realiza el verdadero encuentro con Dios. Hoy, domingo del “sembrador”, queremos abrir el corazón a la escucha de la palabra de Jesús con las palabras de San Juan Crisóstomo, para llegar a ser, también nosotros, oyentes dóciles y disponibles de la Palabra que salva: “Haz, Señor, que escuche con atención y recuerde constantemente tu enseñanza, que la ponga en práctica con fuerza y voluntad, despreciando las riquezas y alejando todas las inquietudes de la vida mundana… Haz que me fortifique enteramente y medite tus palabras poniendo profundas raíces y purificándome de todos los atractivos mundanos”. (San Juan Crisóstomo, Comentario al Evangelio según S. Mateo 44,3-4)
2. Lectura
a) Contexto:
Mateo coloca la parábola de la semilla con los sucesos precedentes de los capítulos 11 y 12, donde se ha mencionado el reino de Dios que sufre violencia. El tema de nuestra parábola, como de todo el discurso en las parábolas en el capítulo 13, es el reino de Dios. La “casa” de la que Jesús sale es la que había tomado en Cafarnaún por morada y donde se encuentra con sus discípulos (v.1: Aquel día salió de casa) y su salida se pone en relación con la del sembrador (v.3: y el sembrador salió para sembrar). Su “salir” tiene como término fijo o concreto la orilla del lago (v.1: y se sentó a orillas del mar); este lugar reclama el momento en el que Jesús había llamado a sus discípulos (4,18) , pero, el mar es un lugar de tránsito hacia los pueblos paganos, por tanto, representaba la frontera entre Israel y el mundo pagano. El fondo del discurso en las parábolas es, por tanto, el lago de Genesaret, llamado “mar” según la opinión de la gente. Su salida atrae a la gente. Y mientras Jesús está sentado en la orilla del mar, sorprendido por la cantidad de gente que se le acercaba, se vio obligado a subir a la barca. Ésta se convierte en la cátedra de su enseñanza. Jesús se dirige a sus oyentes mediante “un hablar en parábolas” que es algo diverso de enseñar o anunciar.
b) El texto:
¹Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. ²Y se reunió tanta gente junto a él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. ³Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Salió un sembrador a sembrar. ⁴Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. ⁵Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; ⁶pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. ⁷Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. ⁸Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. ⁹El que tenga oídos, que oiga.» ¹⁰Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?» ¹¹Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. ¹²Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. ¹³Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. ¹⁴En ellos se cumple la profecía de Isaías: Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. ¹⁵Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane. ¹⁶«¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! ¹⁷Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron. ¹⁸«Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. ¹⁹Sucede a todo el que oye la palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. ²⁰El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la palabra, y al punto la recibe con alegría; ²¹pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la palabra, sucumbe enseguida. ²²El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la palabra, y queda sin fruto. ²³Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la palabra y la entiende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta.»
3. Un momento de silencio orante
En nuestro obrar con prisas, que nos lleva a estar siempre propensos a lo exterior, sintamos la necesidad de una parada entretejida de silencio…en este momento nos volvemos receptivos al fuego de la Palabra…
4. Interpretar el texto
a) La acción del sembrador:
b) Jesús, aparte, comunica a los discípulos el objetivo de hablar en parábolas (13,10-17):
c) La explicación de la parábola (13, 18-23):
5. Pistas meditativas para la práctica eclesial
6. Salmo 65 (64)
Te ocupas de la tierra y la riegas, la colmas de riquezas. El arroyo de Dios va lleno de agua, tú preparas sus trigales. Así la preparas: riegas sus surcos, allanas sus glebas, las mulles con lluvia, bendices sus brotes. Coronas el año con tus bienes, de tus rodadas brota la abundancia; destilan los pastos del páramo, las colinas se adornan de alegría; las praderas se visten de rebaños y los valles se cubren de trigales entre gritos de júbilo y canciones.
7. Oración final
Señor, tu parábola del sembrador, nos enseña a cada uno de nosotros, los caminos de nuestra vida, la dureza del vivir cotidiano, las dificultades y los momentos de docilidad y que constituye nuestro paisaje interior. Todos somos, muchas veces: caminos, pedregales y espinas. Pero también tierra fértil, buena. Líbranos de la tentación de las potencias negativas que intentan anular la fuerza de tu palabra. Fortifica nuestra voluntad cuando las emociones fugitivas, inconstancias hacen menos eficaz la seducción de tu Palabra. Ayúdanos a conservar el gozo que el encuentro con tu Palabra sabe engendrar en nuestro corazón. Haz fuerte nuestro corazón para que en la tribulación no nos sintamos indefensos y expuestos al desánimo. Danos la fuerza de resistir a los obstáculos que ponemos a tu Palabra cuando sobrevienen las preocupaciones del mundo o estamos engañados por el brillo del dinero, seducidos por el placer, por las vanidades de aparentar. Conviértenos en terreno bueno, personas acogedoras, para ser capaces de ofrecer nuestro servicio a tu Palabra. Amén
Fuente: Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo (https://ocarm.org/es/)