XXI Domingo del Tiempo Ordinario
¡Pedro, tú eres piedra! Piedra de apoyo, piedra de tropiezo
Mateo 16,13-20
1. Oración inicial
Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.
2. Lectura
a) Una división del texto para ayudarnos en la lectura:
b) Clave de lectura:
En el evangelio de este domingo, Jesús indaga sobre lo que la gente piensa con respecto a Él: ¿Quién dice la gente que sea yo?” Después de saber la opinión de la gente, quiere conocer la opinión de sus discípulos. Pedro, en nombre de todos, hace su profesión de fe. Jesús confirma la fe de Pedro. En el curso de la lectura, pongamos atención a lo siguiente: “¿Qué tipo de confirmación confiere Jesús a Pedro?»
c) El texto:
¹³Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» ¹⁴Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» ¹⁵Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» ¹⁶Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» ¹⁷Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. ¹⁸Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. ¹⁹A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.» ²⁰Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.
3. Un momento de silencio orante
para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.
4. Algunas preguntas
para ayudarnos en la meditación y en la oración.
a) ¿Cuál es el punto que te ha llamado más la atención? ¿Por qué?
b) ¿Cuáles son las opiniones de la gente con respecto a Jesús? ¿Cuál es la opinión de los discípulos y de Pedro sobre Jesús?
c) ¿Cuál es mi opinión sobre Jesús? ¿Quién soy yo para Jesús?
d) Pedro es piedra de dos modos ¿Cuáles? (cfr Mateo 16,21-23)
e) ¿Qué tipo de piedra soy yo para los demás? ¿Qué tipo de piedra es nuestra comunidad?
f) En el texto aparecen muchas opiniones diversas sobre Jesús. ¿Cuáles son las opiniones que existen en nuestra comunidad sobre Jesús?
g) ¿Cuál es la misión que de ello resulta para nosotros?
5. Para aquéllos que quieren profundizar más en el tema
a) Contexto en el cuál nuestro texto aparece en el Evangelio de Mateo:
b) Comentario del texto:
i) Ser Piedra: Simón, el hijo de Jonás, recibe de Jesús un nombre nuevo que es Cefas, y este quiere decir, Piedra. Por esto, es llamado Pedro. Pedro debe ser piedra, o sea, debe ser fundamento seguro para la Iglesia a punto de ser atacada por las puertas del infierno. Con estas palabras de Jesús a Pedro, Mateo anima a las comunidades sufrientes y perseguidas de la Siria y la Palestina que veían en Pedro un jefe en el que apoyarse por sus orígenes. A pesar de ser comunidades débiles y perseguidas, tenían una base segura, garantizada por la palabra de Jesús. En aquel tiempo, las comunidades tenían lazos afectivos muy fuertes con las personas que habían contribuido al origen de la comunidad. Así, las comunidades de Siria y Palestina cultivaban sus lazos afectivos con la persona de Pedro. Las comunidades de Grecia con la persona de Pablo. Algunas comunidades de Asia Menor con la persona del discípulo Amado y otras con la persona de Juan el del Apocalipsis. Una identificación con estos jefes o líderes de su origen ayudaba a la comunidad a cultivar de la mejor manera posible su identidad y espiritualidad. Pero también podía servir de motivo de disputa, como en el caso de la comunidad de Corinto ( 1Cor 1,11-12).
Ser piedra como base de la fe evoca la palabra de Dios al pueblo en el destierro en Babilonia: “Escuchadme vosotros que andáis buscando la justicia, vosotros que buscáis al Señor; mirad a la roca de la que habéis sido tallados, a la cantera de la que habéis sido sacados. Mirad a Abrahám vuestro padre, y Sara que os dio a luz; porque sólo a él lo llamé yo, lo bendije y lo multipliqué” (Is 51,1-2). Aplicada a Pedro, esta cualidad de piedra-fundamento indica un nuevo comienzo del pueblo de Dios.
ii) Las llaves del Reino: Pedro recibe las llaves del reino para atar y desatar, o sea, para reconciliar las personas entre ellas y con Dios. He aquí que de nuevo el mismo poder de atar y desatar, se da no sólo a Pedro, sino también a los otros discípulos (Jn 20,23) y a las propias comunidades (Mt 18,18). Uno de los puntos en el que más insiste el Evangelio de Mateo es la reconciliación y el perdón (Mt 5,7.23-24.38-42.44-48; 6,14-15; 18,15-35). En los años 80 y 90, en la Siria, a causa de la fe en Jesús, había muchas tensiones en las comunidades y muchas divisiones en las familias. Unos lo aceptaban como Mesías y otros no, y esto era motivo de muchas tensiones y conflictos. Mateo insiste en la reconciliación. La reconciliación era y continúa siendo uno de los deberes más importantes de los coordinadores y coordinadoras de las comunidades actuales. Imitando a Pedro, ellos deben atar y desatar, o sea, hacer todo lo posible para que se dé la reconciliación, aceptación mutua, construcción de la verdadera fraternidad “¡Setenta veces siete!” (Mt 18,22)
iii) La Iglesia: La palabra Iglesia, en griego eklésia, aparece 105 veces en el NT, casi exclusivamente en las Actas de los Apóstoles y en las Cartas. Sólo tres veces en los evangelios y allí, sólo en el evangelio de San Mateo. La palabra significa literalmente “convocada” o elegida”. Significa el pueblo que se reúne convocado por la palabra de Dios, y trata de vivir el mensaje del reino que Jesús viene a traernos. La Iglesia o la Comunidad no es el Reino, sino un instrumento o una indicación del Reino. El Reino es más grande. En la Iglesia, en la comunidad, se debe o se debería hacer ver de todos, lo que sucede cuando un grupo humano deja reinar a Dios y deja que sea “señor “ en su vida.
c) Profundizando:
i) Un retrato de San Pedro:
ii) Completando el contesto: Mateo 16,21-23
6. Salmo 121
Mi auxilio viene de Yahvé
Alzo mis ojos a los montes, ¿de dónde vendrá mi auxilio? Mi auxilio viene de Yahvé, que hizo el cielo y la tierra.
¡No deja a tu pie resbalar! ¡No duerme tu guardián! No duerme ni dormita el guardián de Israel.
Es tu guardián Yahvé, Yahvé tu sombra a tu diestra. De día el sol no te herirá, tampoco la luna de noche. Yahvé te guarda del mal, él guarda tu vida. Yahvé guarda tus entradas y salidas, desde ahora para siempre.
7. Oración final
Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.
Fuente: Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo (https://ocarm.org/es/)