La Virgen del Carmen y su Escapulario en el corazón Jerez de la Frontera


El amor a la Virgen María se vive en el interior de cada cristiano, no importa que sea de Sevilla o de Valencia, de Barcelona o de Pamplona…; nuestros hombres y mujeres se apoyan en María para vivir su fe  en Jesucristo.

Cada ciudad, como Jerez, siente suya a la Madre de todos, María en sus diferentes advocaciones. No son muchas madres; es una sola, la Madre de Jesús, con el nombre que cada uno le otorgamos.

Pero es sorprendente como una de las devociones más extendidas en los cinco continentes es la de Nuestra Señora del Carmen; no hay ciudad, pueblo o aldea que no tenga en su capilla o Iglesia una imagen de la Virgen del Carmen. Esta advocación no necesita campañas publicitarias, se difunde por sí misma, está arraigada en lo más profundo del cristiano que sabe descubrir en Ella la protección de Madre que cuida con celo de sus hijos.

Los Carmelitas sabemos que esto es así; tenemos infinidad de testimonios, pero quiero señalar nuestra llegada a Europa en el 1238, expulsados por los sarracenos del Monte Carmelo. Sin ayuda y con la hostilidad que nos recibieron, vimos en María la fuerza, la esperanza y el impulso para continuar, de forma que, en muy pocos años, se comenzaron a ver los frutos que permitieron una gran difusión de toda la Orden y, con ella, de la devoción a la Virgen del Carmen que es, sin duda alguna, un pilar fundamental de nuestra espiritualidad.

Igualmente aquí en Jerez, durante la peste de 1.600, provocó que el convento de San Benito donde vivían los carmelitas se convirtiera en un hospital, por ser el lugar más apto fuera de la ciudad y por orden municipal los frailes dejan el convento con total sumisión, prestándose al servicio de los enfermos, muchos carmelitas murieron por realizar esta ayuda humanitaria. En la superación de la epidemia los carmelitas siempre vieron la mano protectora de la Virgen. El Cabildo de la ciudad como reconocimiento otorgó a los carmelitas unas casas dentro de los muros de la ciudad, junto a la capilla de la Virgen de Loreto en lo que hoy es el nuestro convento.

La Virgen del Carmen se le conoce como la Señora de Jerez, como la Virgen del Escapulario. De tal forma la devoción al escapulario ha arraigado en nuestra gente, que junto al Santo Rosario, son la forma de piedad mariana más común entre nuestros fieles. Los cristianos valoran el Escapulario, por una parte, como prenda de especial protección de María y por otra, como una consagración hacia la Santísima Virgen, imitando sus virtudes en el seguimiento de su Hijo.

San Juan Pablo II, fue un gran devoto de la Virgen del Carmen, cuyo Escapulario vistió desde niño. Siendo cardenal, en 1975, visitando a los Carmelitas de su ciudad de Wadowice, les recordó cómo él vivía las fiestas del Carmen desde que era joven: “Me alegra manifestaros mi devoción a la Virgen del Escapulario”. El vivió y murió con el escaopulario.

El Escapulario del Carmen es el signo por el cual cada persona que lo lleva se consagra de forma estable al servicio de Dios y de su Madre; es un vestido que la Madre entrega a los que ama, por el cual manifestamos nuestra condición de hijos suyos al servicio de los demás.

Pablo VI, en su Carta al Congreso Mariológico de Santo Domingo en 1965, decía así: “Entre estos ejercicios y prácticas de piedad se han de contar el Rosario y el uso devoto del Escapulario del Carmen. Forma de devoción que por su misma sencillez, acomodada a todos los entendimientos, adquiere amplia difusión entre los fieles con gran fruto espiritual”.

La Virgen del Carmen es para el pueblo jerezano una de las devociones más arraigadas en su corazón. La invocan los más cercanos y aún aquellos que parecen estar más apartados. Y es que a las personas de hoy, frecuentemente atormentado por los problemas, la Virgen le ofrece una visión serena y una palabra de esperanza frente a las vicisitudes de la vida, consolando a todos aquellos que a Ella se encomiendan.

¡Madre mía del Carmen, ayúdanos a todos los hombres y mujeres de Jerez a mirarnos en Ti para que puedas proyectar en nuestro pueblo todo el amor que tu Hijo ha depositado en tu corazón de Madre, de manera que podamos alcanzar entre todos una población unida y solidaria, capaz de superar juntos los problemas que vive nuestra sociedad y hacer presente en toda la región que, de la mano de María, todo es más fácil ¡

¡Madre y Decoro del Carmelo, ruega por nosotros!

                                                                            Fr. Alejandro Peñalta, O. Carm.